La Ciudad de la Luz (“La Ville Lumière”) es una de las ciudades más bellas y espectaculares del mundo. La capital de Francia también es conocida también por ser el lugar del primer alumbrado público del mundo y mas aún porque esconde lugares desconocidos y misteriosos. Algunos de ellos incluso inspiraron o son mencionados en películas conocidas (Sweeney Todd, de Tim Burton, Ratatouille….) mientras que otros fueron escenario real de historias trágicas y dramáticas.

Detrás de la magia de París están sus secretos mejor guardados. Aun cuando cualquier visita a la ciudad merece una recorrido por sus icónicos lugares: la torre Eiffel, Notre Dame, el Arco del Triunfo, Champs-Élysées, el Barrio Latino, el Museo del Louvre, Montmartre, etc, esta ciudad esconde sitios que no pierden la elegancia y mas aún, ganan en misterio.
La tradición sobre fantasmas y lugares embrujados no ocupa un lugar destacado en la cultura del país. De hecho, la Revolución Francesa se expone como una fuerte respuesta de racionalidad, rechazo a la superstición y lo que a menudo califica como una manera cartesiana de ver el mundo, siguiendo al filósofo anterior a la Ilustración, René Descartes.
No obstante, hay secretos y lugares particulares para conocer este otro perfil de la ciudad. Aquí nos topamos con algunas paradas que no pierden la sofisticación propia de París, pero le ganan con sus peculiaridades.
1- La Rue Chanoinesse y el ingenio de Tim Burton

Sweeney Todd, personaje recreado en Londres por el cineasta Tim Burton, responde a una historia que tuvo lugar en París en 1387 e involucra a un barbero y un panadero, este ultimo famoso por sus sabrosos pastelitos de carne. Ambos, panadero y barbero, transcurrieron su siniestra vida en los números 18 y 20 de la calle Chanoinesse, en Paris.
Según la historia el panadero masacró a sus clientes que pasaban para darles una propina a través de una trampilla y los envió directamente a la bodega del pastelero cuyas tartas de carne con crujiente corteza fueron ordenadas personalmente por el Rey Carlos VI. El panadero tenía un amigo barbero, que trabajaba en una casa vecina, con el que compartía un sótano. Según cuanta la historia parisina, las tartas eran degustadas por toda la gente de la ciudad, pero había algo que sólo los dos amigos sabían: que el principal ingrediente era carne humana.

El barbero notificaba a su vecino quien esperaba debajo del salón, mientras con un movimiento certero cortaba la garganta de su cliente y lo dejaba caer a través de una puerta trampa, donde esperaba el panadero. Según los estándares de la época todo estaba en regla: los deshechos se dirigían al Sena. Esta sociedad entre barbero y panadero se prolongó entre 1384 y 1387.
Y, como ha ocurrido con numerosos casos criminales, finalizó por un incidente. Un día, un estudiante que visitó al barbero, ató a su perro en la entrada. Cuando culminó el proceso, el perro empezó a ladrar. Los oficiales de policía trataron de calmar al animal, pero éste se escapó directamente al sótano donde detectaron al panadero mientras descuartizaba a otra víctima. Ahora, en ese sitio, funciona el garaje de la comisaría local (le garage des gardiens de la paix motocyclistes), aunque se conserva una piedra en honor de las víctimas de esta terrible historia.
2- La puerta Santa Ana de Notre Dame, marcada por el infierno

Uno de los emblemas de París es la Catedral de Notre Dame. Su lado menos instagrameado es la antigua puerta lateral de Santa Ana. La historia cuenta que a un aprendiz de cerrajero llamado Biscornet se le encargó la construcción de este ingreso en el siglo XIII. Inseguro acerca de su capacidad de llevar a cabo el pedido, la leyenda cuenta que hizo un pacto con el diablo para poder realizar el forjado de la puerta tal como se le había requerido. El demonio se lo concedió, e incluso hizo que estuviese misteriosamente terminada al día siguiente. El aprendiz fue ascendido a maestro y la nueva puerta fue instalada. Pero Biscornet fue encontrado muerto poco tiempo después en circunstancias imprecisas. Aunque faltaba un capítulo más, uno que agrandaría la leyenda de la maldición. A horas de la gran inauguración, en 1345, nadie sabía cómo abrir las puertas que llevaban la ornamenta de Biscornet. El pacto con el Diablo parecía una broma macabra. Pero nadie se animaba a negarlo. Hasta que la solución llegó de la manera menos pensada. Cuando comenzó la ceremonia de apertura, un sacerdote, contratado para bendecir la catedral, oró y arrojó agua bendita a sus puertas para finalizar la bendición. Ahí, para sorpresa de todos, las puertas se abrieron.
Para 1860 el arquitecto Viollet-le-Duc, quien realizó el trabajo de restauración y reconstrucción en Notre-Dame durante más de 20 años, encomendó sustituir esta puerta por considerar que estaba “marcada” por el infierno.
3- La Conciergerie y la ejecución de María Antonieta

Este palacio, tras haber sido usado como residencia real en la Edad Media, fue convertido en la primera prisión de París, escenario de juicios y ejecuciones de personajes célebres. El monumento gótico recuerda el final trágico de la reina María Antonieta. Allí permaneció en prisión, tras la Revolución de 1789, y fue desde donde partió hacia el cadalso situado en la plaza de la Revolución, actual plaza de la Concordia, donde fue ejecutada.
La historia de la Conciergerie comienza en el siglo VI cuando Clodoveo I, rey de los Francos, se instaló en la Conciergerie o Palacio de la Île de la Cité. Cinco siglos más tarde, el rey Hugo Capeto lo convirtió en la sede del poder monárquico. Uno de los grandes espacios del Palais de la Cité es la Santa Capilla (Sainte Chapelle), que se construyó en el siglo XIII bajo el reinado de San Luis. En el siglo XIV, durante el reinado de Felipe IV el Hermoso, el palacio fue remodelado para convertirlo en un símbolo de prestigio de la monarquía francesa.
A finales del siglo XIV, Carlos V trasladó la corte al Louvre y al Chateau de Vincennes. A partir de ese momento, todo el poder judicial se desempeñó en la Conciergerie y se acondicionaron las cárceles. Los reyes de Francia lo abandonan totalmente y se convirtió en Palacio de Justicia.
Cuatro torres adornan la fachada norte de la Conciergerie: la del Reloj, sobre la que se encuentra el primer reloj público de Francia; la del Dinero, que contenía el tesoro de los reyes de Francia; la torre César, recuerdo de la presencia de los Romanos y la torre Bonbec, que albergaba la “sala de la pregunta»” en la que los prisioneros, bajo tortura, acababan confesando. Hasta la construcción del muelle de l’Horloge en 1611, las torres de la Conciergerie se encontraban a orillas del Sena.

Durante la Revolución y la época del Terror, la Conciergerie de París se convirtió en la sede del tribunal revolucionario. Llegó a haber 1.300 personas detenidas al mismo tiempo. Se la conocía como la antesala de la guillotina. Por la Conciergerie pasaron cientos de personas anónimas y algunos personajes célebres de la historia de Francia: Felipe Igualdad (padre del futuro Luis Felipe I), la condesa de Barry, Maximilien Robespierre, Charlotte Corday o Dantón. Dentro se puede visitar La rue de París, donde el verdugo de la Revolución llamado Monsieur de París, amontonaba a los prisioneros “pailleux” (de paja) como se conocía a los que no tenían los medios necesarios para pagar una cama.
El pasillo de los prisioneros disponía de diversas estancias: el despacho del secretario judicial, donde se registraba el nombre del prisionero a su llegada; el despacho de conserje, el verdadero administrador del lugar, se encargaba de la seguridad y el aprovisionamiento de la cárcel; la sala de aseo, donde se preparaba al condenado o la condenada antes de la ejecución. En este mismo nivel se ha reconstruido la celda de María Antonieta. Al final del sector de los prisioneros una escalera lleva a la capilla conmemorativa de María Antonieta, construida por Luis XVIII como capilla expiatoria en el mismo lugar donde se encontraba la celda de la reina.
4- La rue Des Halles 8 y Ratatouille

Siguiendo con la inspiración cinéfila, ¿quién no recuerda a Remy, el encantador protagonista de Ratatouille, chef y ratón, frente al negocio de trampas para ratas? Ese negocio existe desde 1872 y en la calle de Halles 8 en el distrito 1 de París. Es aquí donde se inventó la tradicional trampa para roedores. Fue una idea que surgió porque en aquella época no existían productos químicos.

En el film de animación, el padre le muestra a Remy la vitrina de la tienda como advertencia de que debe mantenerse alejado de los humanos, sino también podría convertirse en parte de su aterradora vidriera decorada con ratas disecadas colgando de trampas. Ese local es actualmente el más curioso sitios especializado en el combate de plagas y cuenta con los más estrafalarios artilugios para ese fin.
5- Rue du Chat-Qui-Pêche la más pequeña calle de la ciudad, teñida por una leyenda

Esta historia también podría inspirar a un buen cineasta. En este caso, tal vez no tenga asidero en un caso real, pero vale la pena visitar el lugar y conocer la historia. Se trata de la Rue du Chat-Qui-Pêche, algo así como “la calle del gato que pesca”. Es la más estrecha calle de la ciudad, con apenas 26 metros de largo y 1,80 metro de ancho. Originalmente llamada rue des Renards, luego rue des Étuves, rue des Bouticles y finalmente rue Neuves des Lavandières, el nombre actual lo toma de un letrero del mismo nombre.
Cuenta la leyenda que un alquimista llamado Dom Perlet (algunos dicen que, además, se trataba de un canónigo) iba siempre acompañado por un hábil gato negro, acostumbrado a pescar con agilidad los peces del Sena, situado a pocos metros de la callejuela. El felino se acercaba al muelle y los peces, atraídos por las vibraciones de sus patas, caían en la trampa. La fábula cuenta que unos estudiantes supusieron que hombre y animal eran un solo ser maléfico y decidieron arrojar al gato al agua, considerando que sus habilidades de pescador eran producto de una brujería. Dom Perlet y su gato desaparecieron del lugar por un tiempo. Sin embargo, el alquimista regresó un año más tarde, ya que se había ido de viaje y, de un modo inexplicable, pronto también el gato reapareció y siguió pescando en el río como si nada hubiera pasado.
6- El barrio de Pigalle y la mansión de las muertes extrañas

El barrio de Pigalle es una leyenda parisina. De barrio aparentemente prohibido, truculento y libertino, el parisino Pigalle pasó a ser uno de los más turísticos de Francia. Allí, donde desde hace más de un siglo giran las inmensas aspas de “Moulin Rouge” —el cabaret más famoso del mundo, vecino de la Basílica del “Sagrado Corazón” de Montmartre— el arte, el erotismo y la libertad sexual revolucionaron París.
Sin embargo, las calles del quartier Pigalle, en París, tienen algo de sórdido después del anochecer. Fue durante mucho tiempo un barrio de mala reputación. Una casa localizada en la avenida privada Frochot, seductora y tranquila, alguna vez albergó, por ejemplo, al pintor Henri de Toulouse-Lautrec. Allí, en el número 1, se localiza una mansión neogótica construida en 1823.
En algún momento a principios del siglo XX, alguien mató brutalmente a un sirviente en la casa, golpeándolo con un atizador. El asesinato nunca se resolvió, y cuentan las leyendas que el espíritu del sirviente continúa vagando por la casa. Los vecinos durante décadas informaron ruidos fuertes provenientes de la casa cuando estaba desocupada.

La desgracia, según cuenta la historia popular, persiguió a los sucesivos dueños. A fines del siglo XIX, el compositor francés Victor Massé murió allí de esclerosis múltiple. El crítico de teatro Matthieu Galey falleció en la misma habitación de la casa y de la misma enfermedad. Cuando la actriz Sylvie Vartan la compró (antes de que Massé la poseyera) se sintió incómoda, se negó a quedarse en ella y terminó vendiéndola.
7- Tour Saint-Jacques: de templarios y otras sectas


Completada alrededor de 1523, la Tour Saint-Jacques (San Santiago) es todo lo que queda de una iglesia medieval llamada Eglise Saint-Jacques-de-la-Boucherie, que fue destruida en 1797 durante los turbulentos años de la Revolución Francesa. La iglesia, construida en el siglo XII, fue un importante lugar de peregrinación en París para los católicos y una parada en la famosa ruta de peregrinación de Saint-Jacques-de-Compostelle que conduce al sur a través de Francia hacia España.
Su decoración suntuosa se atribuye en parte al patrocinio de carniceros adinerados que operaban cerca en el enorme mercado de Les Halles, y por quienes se nombró a la iglesia. Uno de los patrocinadores de la iglesia original fue Nicolás Flamel, el alquimista, que operaba una casa de beneficencia cercana.
Después de que la iglesia fuera destruida y saqueada en la Revolución, se utilizó durante un tiempo como cantera de piedra. El estado francés adquirió la torre en 1836, declarándola monumento histórico en la década de 1860. Una estatua del matemático y físico francés Blaise Pascal se encuentra dentro de la estructura del arco, construida para conmemorar sus experimentos sobre la presión atmosférica que se llevaron a cabo en este sitio. Se considera a esta torre un emblema de encuentro de los caballeros templarios.
En definitiva estos lugares e historias de la ciudad no hacen mas que engrandecer la belleza y la leyenda de una ciudad que, en distintas épocas, ha sido considerada como la capital mundial de la filosofía, el pensamiento político y la cultura merced a figuras del renombre como Voltaire, Diderot, Rousseau, Montesquieu, etc., y ha actuado como un verdadero faro para la humanidad.
Créditos:
radiopinamar.com | www.tiempodecine.co | www.etsionsepromenait.com | www.pagina7.cl | www.lavanguardia.com | oncubanews.com
